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Principios y Objetivos de la Politica Comercial de Cuba

Por: michaelrogelio

Principios y Objetivos de La Política Comercial de Cuba en la Etapa Actual.

“ Pueblo que quiera ser libre,
sea libre en comercio”
José Martí

I.-INTRODUCCION

La política comercial de los estados se diseña, al menos teóricamente, para proteger la independencia económica y, por tanto, política de los mismos y garantizar el desarrollo del país.

Para estos fines, se debe propiciar el acceso a los mercados buscando la eficiencia y la rentabilidad de las economías sin afectar el desarrollo de la industria nacional, sobre la base de su competitividad.

La globalización neoliberal, con sus sueños de un gobierno mundial, presidido por un conjunto de organizaciones que le sirven de instrumento, como la OMC, el FMI, el Banco Mundial y la Organización de Naciones Unidas en algunos casos, dirigidos por el capital transnacional con el de EU a la cabeza, hacen cada vez más teóricos estos principios de soberanía e independencia.

Sin embargo, para Cuba esos presupuestos, son la base de nuestra política comercial.

II.-DESARROLLO

El Marco Económico Internacional.

La actual etapa del desarrollo capitalista, la economía neoliberal globalizada, representa serios riesgos para los países subdesarrollados, debido a su posición más vulnerable y dependiente dentro del sistema de las relaciones internacionales, que les dificulta afrontar la radical transformación que esta ocurriendo en las condiciones de competitividad y de inserción en la economía mundial,

La globalización se encamina a través de tres grandes bloques: el Europeo, el Asiatico y el Americano, con tres grandes locomotoras; EU, Alemanía y Japon mediante un modelo economico considerado como un fundamentalismo de mercado, un esquema totalitario global basado en una politica economica de influencia neoliberal.

En lo que se refiere al comercio internacional el 70 % de este lo ejecutan los países desarrollados, quedando para los subdesarrollados el 24 % de ese intercambio.

Todo este desarrollo esa concentrado, básicamente, en las corporaciones transnacionales, de las cuales solamente 200 de las más importantes tienen ingresos que representaron, en 1995, el 34 % del Producto Interno Bruto a nivel mundial.

De estas 200 corporaciones 23 transnacionales controlan el 70% del comercio mundial y sus ventas superan las exportaciones totales de Brasil, india, indonesia y México; El 30 % del comercio mundial no es más que comercio entre grandes empresas transnacionales y sus filiales.

El fenómeno globalizador ha puesto en manos de unos cuantos la dominación de los recursos estratégicos mundiales, excluyendo y subordinando a los Estados a través de la relativizacion de su soberanía.

En este marco se mueve la economía mundial, cuya evolución en 1999 podemos decir que fue la continuación de la tendencia establecida por la Crisis Asiática de 1997 lo que incluso planteo la posibilidad de un escenario recesivo ante el desplome del precio de los productos bursátiles los tres años previos.

Sin embargo, el pronostico pesimista para 1999 fue superado por la mejoría de las condiciones financieras a raíz de la reducción de las tasas de interés y la persistente fortaleza de la economía de los EU.

En este contexto, según la OMC, el volumen del comercio mundial tuvo un alza de 4,5 %, igual al 4.5 % de 1998 y a su vez sensiblemente inferior al incremento del 10 % de 1997. Para este año se prevé un incremento del comercio mundial de un 5.6 %

Sin embargo, los precios de los productos básicos no combustibles solo crecieron un 0.2 % anual entre 1989 y 1998 mientras las manufacturas lo hicieron en un 0.9 . En 1999, los precios de los productos básicos, en comparación con el 98, no solo no aumentaron sino se redujeron, siendo notoria la reducción de los precios de los alimentos y bebidas en más de un 15 %. En 1998 los precios de los productos básicos fueron los más bajos de la década de los 90.

Como consecuencia los ingresos de los paises subdesarrollados por concepto de sus exportaciones cayeron en más de 50 mil millones de dolares en 1998 solamente.

Según la UNCTAD la liberalización del comercio se produce de manera muy desequilibrada y parcial. Las exportaciones de los países subdesarrollados enfrentan barreras comerciales mucho más altas que las exportaciones de países desarrollados.

Mientras tanto la deuda externa crece a un ritmo del 6 % anual.

En Latinoamérica, aunque las exportaciones aumentaron un 7.8 % en 1999, la tendencia de la mayoría de sus economías mostró un resultado desfavorable con una declinación de 0.7 % del PIB comparado con un crecimiento previsto, ya de por sí bajo, de un 1. 0%.

El PIB per capita en 1995 era prácticamente igual al que la región había alcanzado en 1979, es decir que en términos de crecimiento por habitante, la región se encuentra al mismo nivel que 17 años atrás, aumentando la distancia respecto a los piases desarrollados.

El deterioro de los términos de intercambio entre 1980 y 1992 significo una perdida de más de 200 mil millones de dólares para la región y que se haya triplicado la deuda externa en los últimos quince años, sin solución a la vista. Su monto asciende a 750 000 millones de dólares. Los países han pagado con creces su deuda, pero ahora deben más que antes.

La política económica, sustentada en la privatización desmedida y el mercado libre sin regulación de ninguna naturaleza donde la intervención del Estado se reduce al mínimo, es la responsable de convertir en pobres a 224 millones de latinoamericanos, durante las dos últimas décadas.

El balance de 20 años de política neoliberal es sumamente triste. América Latina muestra el peor comportamiento económico, si se exceptúa al África subsahariana. El crecimiento económico que le daría a los países latinoamericanos mejores posiciones en la economía mundial nunca fueron los esperados.

En la década del 90 la economía de nuestra región en su conjunto apenas creció un 3,2 por ciento. En épocas anteriores había sido del 5,5 por ciento.

No obstante, de acuerdo con estudios de la CEPAL, la región tendría que superar como mínimo el seis ciento de crecimiento económico para comenzar a disminuir la brecha enorme entre los países pobres y los ricos.

En América Latina el 46 % de la población esta clasificada como pobre y uno de cada cinco latinoamericanos es un indigente. En relación a 1980 los pobres son 73 millones de personas más y 36 millones de nuevos indigentes.

Alrededor de 220 millones de habitantes de América Latina y el Caribe viven en la pobreza y de ellos 177 millones son niños y adolescentes menores de 20 años, revela un informe de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (CEPAL) de agosto del 2000. Más de la mitad de los pobres de la región son niños y adolescentes y cerca de 40 millones son menores de seis años.

El 20 por ciento de los habitantes más ricos reciben 19 veces más que el 20 por ciento más pobre.

La tasa de desempleo creció de 6.4 % en 1994 a 7.7 % en 1996. Los ajustes que se continúan haciendo en las economías de la región hicieron aumentar el desempleo a 9 % en 1999, debiendo ser esta una de las más altas preocupaciones y prioridades de los gobiernos. La tasa de desocupación es la misma de 17 años atrás, cuando en 1983 se desato la crisis de la deuda externa, pero hoy los desocupados son más.

En ese año desaparecieron, producto de las políticas neoliberales más de tres millones de puestos de trabajo, sobre todo en los sectores industrial y de la construcción. Al cierre del año, según CEPAL había más de 18 millones de desocupados en la región.

Por lo regular en los casos en que el empleo aumenta algo, los salarios no crecen, como es el caso de México.

Más de 15 millones de niños se emplean en los más disímiles oficios, y reciben una remuneración miserable. El 85 por ciento de los niños del campo trabajan. Uno de cada cinco niños latinoamericanos trabaja para ayudar al sustento del hogar y decenas de miles, entre los 6 y los 16 años se ven obligados a ejercer la prostitución.

Hoy suman más de 17 millones de trabajadores que no reciben el beneficio de la seguridad social, esto es cerca del 40 % de los asalariados.

El Producto Interno Bruto (PIB) por habitante no ha crecido. Se mantiene en los mismos niveles de los 80.

La privatización aumenta a pasos agigantados. De las cien empresas más grandes de América Latina, 52 son privadas..

Durante el año pasado en América Latina fueron invertidos de manera directa 70 000 millones de dólares. El 40 por ciento se dedicó a la compra de empresas y firmas nacionales, lo cual pone en franca dependencia a las economías locales.

La exportación de los productos básicos ha caído abruptamente. El azúcar, la harina de pescado, el café y los minerales, que constituyen casi la mitad de lo que se vende en el exterior, tienen muchas dificultades para colocarse en el mercado internacional. Los convenios de protección de estos productos fueron eliminados, porque los consideraban parte de la política proteccionista del Estado, inconcebible en un sistema de libérrimo mercado.

Solamente por concepto de la caída de los precios de exportación de los productos basicos no petroleros América Latina dejo de ingresar 0 mil millones de dólares.

Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo, el 50 por ciento de los latinoamericanos considera que el modelo neoliberal es malo, el 40 por ciento opina que es regular. Apenas el diez por ciento está conforme con su aplicación.

El Comercio Exterior de Cuba

Cuba es un país de economía abierta, altamente dependiente del comercio exterior que, desde principios de los años 60, se ha visto expuesto al férreo bloqueo económico y comercial impuesto por el gobierno de Estados Unidos de América, circunstancia que determinó la reorientación de nuestras relaciones hacia los países socialistas, especialmente la Unión Soviética.

La desaparición de estos mercados, unido al recrudecimiento del bloqueo económico y comercial ya mencionado, provocó que entre los años 1989 y 1993 se produjera una drástica reducción del 35% del producto interno bruto y de más del 75% del comercio exterior cubano, dando origen a una de las más severas crisis por las que ha atravesado nuestra economía.

Las exportaciones se redujeron de 5392 mill. de pesos en 1989 a 1779 mill. en el 92 mientras las importaciones disminuyeron de 8124 mill. a 2315 mill; se perdió dos tercios de la capacidad de compra del país(de 15.0 mil mill. de intercambio se paso a menos de 3,0 mil mill us). Las exportaciones por tanto se redujeron un 67 % y las importaciones 72 %.

Para enfrentar esta situación fue necesaria la adopción de una serie de medidas El primer reto fue la búsqueda de nuevos mercados que conllevó a la reorientación geográfica del comercio exterior priorizando los intercambios con Latinoamérica y el Caribe, Canadá y Europa Occidental. Además, no obstante la lejanía geográfica, hemos mantenido una relación importante con algunos países asiáticos, entre ellos especialmente con China y Vietnam, sin abandonar las importantes relaciones comerciales con Rusia y otros países exmiembros de la URSS.

Hoy nuestro intercambio comercial se ha ido recuperando creciendo en el período que va de 1994 a 1998 en más del 70 %, aunque aún estamos lejos de los niveles que manteníamos a finales de la década de los 80. Las exportaciones crecen en un 35 % y las importaciones en aproximadamente el 90 % en esa etapa.

Sin embargo el déficit comercial no se cierra; el desbalance se aproxima al de 1989 cuando el intercambio era mas de dos veces superior.

Como consecuencia de la actual situación económica cubana, la composición de las exportaciones ha sufrido variaciones muy importantes. Mientras en 1989 el 73 % de las exportaciones estuvo constituida por el azúcar y sus derivados, en 1998 el peso de estos productos sólo alcanzó el 42 %.

La exportación de servicios representa hoy más de la mitad de los ingresos totales de Cuba por concepto de sus ventas en el exterior.

Las exportaciones de medicamentos aumentaron al igual que las de tabaco y sus manufacturas, Específicamente la exportación de tabacos llegó en 1999 a 200 millones lo que representa un récord productivo para el país y ganancias por 190 millones de dólares.

Se trabaja ya en el comercio electrónico para cuya instrumentación y desarrollo se creó una comisión nacional.

El informe de balance del trabajo en 1999 del Ministerio del Comercio Exterior de Cuba menciona que el intercambio comercial durante 1999 ascendió a 5 115,9 millones de dólares (disminuyó un 3 % con relación al 98).

Las exportaciones se incrementaron en 2.7 % y las importaciones en 1.1 %, aunque continuo creciendo nuestro desbalance con el área al incrementarse en un 0.9 % en relación al 98.

Las exportaciones totales decrecen un 4 por ciento en relación con el año precedente, en lo cual influyó significativamente la caída de los precios del azúcar en un 37 por ciento, así como de los productos del mar y la palanquilla de acero.

Se exportaron productos cubanos a 113 países (igual que en 1998).
Se incorporaron 69 productos a la exportación.

Las importaciones fueron 3 % inferiores a las del 98. Se importaron mercancías de 121 países, frente a 142 en 1998.

En el proceso de sustitución de importaciones se aprecian avances en los energéticos, con el uso creciente del crudo nacional en sustitución del fuel importado. También hay un discreto incremento de la presencia de productos cubanos en los abastecimientos al turismo, que llegan a una proporción del 51%; en tanto que en las tiendas que venden en divisas esta proporción es del 47%. en ambos casos las cifras son superiores a 1998.

En el año 2000, el valor de las exportaciones de bienes deberá aumentar un 22,3%, en buena medida asociado a la recuperación prevista en los precios del níquel.

Las importaciones deben aumentar sólo un 5,1%. Estos crecimientos están en dependencia de que se cumplan los pronósticos de precios del mercado mundial. Al propio tiempo, debe acelerarse el proceso de sustitución de importaciones con producciones nacionales.

Principios y Objetivos de La Política Comercial.

La política comercial puede definirse, según la entendemos, como la estrategia y el conjunto de medidas tácticas orientadas, en la esfera del comercio exterior, a garantizar la independencia económica y política del país a la vez que se practica la solidaridad internacional sobre todo con los países pobres del Sur. Por esta razón, con fines practicos, hemos dividido los aspectos de esta política en internacional y nacional, aunque estan intimimamente relacionadas.

La política comercial cubana en realidad es parte de un subsistema dentro del sistema político, económico y social cubano, en el cual participan de una u otra forma todos los organismos del estado y empresas vinculadas a la economía nacional y que adopta decisiones encaminadas al logro de los fines que persigue, tanto en lo que respecta a la comercialización de productos específicos, de países individuales, de zonas geográficas completas, de organizaciones económicas internacionales como al comercio exterior del país en su conjunto.

Un principio fundamental de la política comercial cubana es el de desarrollar y ampliar las relaciones con los países subdesarrollados, apoyando sus aspiraciones de desarrollo económico, que son también las nuestras. Basado en esto Cuba ha intensificado sus relaciones comerciales con los países subdesarrollados, en particular con América Latina y el Caribe en los últimos años concertando en unos casos y proponiendo en otros, acuerdos comerciales que contemplan preferencias arancelarias importantes con estos países en el marco de la ALADI.

Lo anterior significaría un aporte más al camino iniciado por otros estados miembros en el objetivo de la convergencia con los países y esquemas de integración del Caribe y Centroamérica.

Nuestro país ha mantenido, e incluso incrementado, su presencia en las organizaciones económicas internacionales, a pesar de las presiones de los EU, sus aliados y satélites que pretenden convertir a estas organizaciones en su instrumento de dominación mundial bajo las banderas neoliberales..

Nuestra participación en las organizaciones de Naciones Unidas, como la UNCTAD, el PNUD, la CEPAL y otras, es activa.

Como miembro fundador del GATT, participamos en las negociaciones de la Ronda Uruguay, firmamos su acta final y, al ratificar el acuerdo por el que se establece la Organización Mundial del Comercio (OMC), se convirtió en uno de los 134 países que integran esta organización como miembro pleno de ésta, el 20 de abril de 1995. En correspondencia con los compromisos surgidos, se ha iniciado todo un proceso para incorporar a la legislación nacional el conjunto de disposiciones contenidas en los diferentes acuerdos y, dentro de la OMC, Cuba lucha por los objetivos de los países subdesarrollados de lograr términos de intercambio comercial justos.

En Latinoamérica somos miembros desde hace años del Sistema Económico Latinoamericano (SELA) y, en 1999, se produjo el ingreso como miembro pleno de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALADI). Llevamos a cabo negociaciones con el MERCOSUR y con el Pacto Andino para ampliar nuestras preferencias comerciales, como un paso inicial hacia objetivos más ambiciosos y establecemos contacto con los países centroamericanos con el mismo objetivo.

En el Caribe estamos presentes en la Asociación de Estados del Caribe (AEC), tenemos vínculos de cooperación estrecha con el CARICOM, fuimos partes del proceso negociador del nuevo acuerdo entre la Unión Europea y los Estados del Grupo ACP (Asia, Caribe, Pacifico), hasta que la actitud ingerencista de los estados europeos nos hicieron desistir, por el momento, de nuestro propósito de adhesión a este acuerdo.

Cuba también es miembro en las organizaciones de productos básicos (azúcar, café, cereales) y en el Fondo Común de Productos Básicos y era miembro del Grupo de Países Latinoamericanos y Caribeños Exportadores de Azúcar (GEPLACEA) hasta que esta organización desapareció,

También somos miembros de otras organizaciones regionales que, como el Grupo de los 77 y el Movimiento de Países No Alineados, están deviniendo en importantes foros de análisis y concertación de los países del Sur.

Un principio importante es el de la diversificación de nuestros mercados.

Como es conocido, la dependencia económica y política de Cuba de los EU, metrópoli real de nuestra neocolonia, era abrumadora antes de 1959.

En lo que se refiere al comercio exterior específicamente, en época tan temprana como 1860 ya el 62 % de nuestras exportaciones se dirigía al mercado norteamericano lo que demuestra que su dominio sobre nuestras exportaciones ya estaba consolidado en esa época.

El 11 de diciembre de 1902, como consecuencia de la intervención norteamericana en nuestra guerra de liberación contra España, se firmo en la Habana el llamado Tratado de Reciprocidad Comercial entre Cuba y los Estados Unidos, mediante el cual unos pocos artículos cubanos fijados en una lista especial, disfrutarían de una tarifa preferencial de un 20 % más baja que la aplicada a otros países. A cambio de esto unos 400 productos norteamericanos recibían preferencias que oscilaban entre un 25 y 40 %. Las preferencias acordadas no podían extenderse a ningún otro país.

Este Tratado sentó las bases para el dominio del comercio exterior cubano por parte de los intereses económicos de los EU y para la dependencia de nuestra economía de un solo producto, el azúcar, que estaba incluido entre los pocos productos de exportación destinado a ese mercado que contaban con preferencias en virtud del Tratado.

En 1958 los EU ya controlaban el 66,8% de nuestras exportaciones y el 69,8 % de nuestras importaciones, aunque en otros años estos porcientos fueron superiores, pero esta es otra historia.

En un proceso que comenzó en la década del 60 y, como consecuencia de la guerra económica de los EU contra nuestro país, a finales de la década del 80, aproximadamente el 85% del comercio exterior cubano se ejecutaba con los países socialistas, mientras que el resto se realizaba con países de economía de mercado.

En relación a las exportaciones en 1989 se concentraban en los países socialistas el 63 % del azúcar, el 73 % del níquel, el 95 % de los cítricos y el 100 % de las piezas. y componentes electrónicos. De esa área se importaban el 63 % de los alimentos, el 86 % de las materias primas, el 98 % de los combustibles el 80 % de las maquinarias y equipos y entre el 72 y 75 % de las manufacturas.

En 1999 se comerció con 146 países, manteniéndose España y Canadá como principales socios comerciales por tercer año consecutivo, seguidos por Venezuela, República Popular china y Federación Rusa.

El total del intercambio con Europa representó el 45 por ciento del total ( los países que integran la Unión Europea, el 77 por ciento de este total) y con los del continente americano el 38 por ciento. Con América Latina y el Caribe el intercambio creció en 1.2 % en relación a 1998, para un 26.6 % del total, lo que confirma la tendencia del crecimiento de nuestro intercambio comercial con esta región.

Otro principio muy importante es el de contribuir a la integración económica del país, primero con la región latinoamericana y, después, con el mundo. Aunque ya formamos parte de la ALADI y estrechamos relaciones con el CARICOM, la aplicación de este principio se ve obstaculizado por la política de dominación de los EU y la subordinación a los intereses de estos que tienen la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos en primer lugar y a escala mundial en general. Es evidente que pasaran muchos años antes de que pueda lograrse el sueño de Bolívar y Marti de una América Latina unida económica, política y socialmente, sobre bases de igualdad, respeto a los derechos de cada nación y de no explotación.

Mientras tanto la política imperial de divide y vencerás trata de llevarnos a una integración que no es más que la anexión de los débiles al fuerte como parte de su política de dominación global, que empieza con los Tratados de Libre Comercio entre EU y países aislados y termina, en el caso de nuestra región, con un proyecto de dominación llamado el Area de Libre Comercio de las Américas. Para Cuba ,constituye un principio de su política comercial oponerse a estos designios imperiales y procurar la integración de los países del Sur y de los de América Latina y El Caribe en particular, insertarnos en la misma e ir unidos a las negociaciones con los países desarrollados.

La Política Comercial de Cuba en los Organismos Económicos y de Integración Internacionales, en términos generales, es la de la defensa de los intereses de los países subdesarrollados, que pasa por el reconocimiento de la necesidad de aplicar a estos un tratamiento diferenciado que reconozca su carácter de países de menor desarrollo y que implica el establecimiento de un nuevo orden económico internacional donde se elimine el intercambio no equivalente, la erosión en los precios de los productos primarios, las practicas proteccionistas por parte de los países desarrollados, la cancelación de los pagos por concepto de la deuda externa y el acceso a créditos en condiciones favorables.

En el plano nacional, un principio basico de nuestra politica comercial es el orientar el comercio internacional del país hacia los mercados que más atractivos, las ventajas comparativas que se obtengan ( ubicación geografica, existencia de convenios comerciales, preferencias arancelarias, financiamientos, transportación maritima) así como mejores condiciones de calidad, precios y terminos de pago.

En nuestro caso, el país se basa para ejecutar esta política en el papel rector del Ministerio del Comercio Exterior y en instrumentos como los aranceles de aduana, el credito, los comites de contratación y de productos donde se coordinan aspectos de la comercialización como los precios, las estrategias de comercialización de las empresas, el Programa de Estimulo a la Exportación y el Plan de Comercio Exterior del país que, sobre bases financieras, se restablecera en el futuro inmediato.

Un objetivo primordial vinculado al principio anterior es la lucha para la erradicación total del bloqueo de los EU contra nuestro país que, en el aspecto comercial implica la imposibilidad de acceso a mercados, lineas de transportación, financiamientos e inversiones indispensables para el desarrollo y el bienestar de nuestro pueblo.

Otro principio fundamental de nuestra política comercial en el plano nacional es contribuir al desarrollo de las exportaciones del país. La estrategia seguida para lograr esto en condiciones de doble bloqueo económico ha sido, en primer lugar, la recuperación de los niveles de exportación a que llegaron los productos de exportación tradicionales como el azúcar, el níquel, el tabaco, productos de la pesca etc. Paralelamente se ha tratado de rescatar la exportación de productos que existían y desaparecieron como consecuencia de la recesión. En 1989, según la revista Opciones, lo exportado en estas producciones era de entre 300 y 400 millones de dólares. Entre ellos puede citarse la miel de abeja, el café, las conservas y los productos médicos farmacéuticos.

Otra vía es la búsqueda de mercados para los nuevos productos que van surgiendo en la exportación cubana, como pueden ser productos de la agricultura, de la industria ligera- confecciones, calzado, medios de aseo y limpieza, perfumería y jaboneria, etc- que podrían integrarse al mercado regional del turismo con 20 millones de turistas anualmente y a la necesaria substitución de importaciones.

Nuestro país se encuentra enfrascado en desarrollar otras producciones para la exportación, en las que la alianza o asociaciones con empresas extranjeras resulta necesaria.

Otro principio es trabajar para substituir importaciones, Con respecto a esto, los aportes que hasta ahora hemos recibido de empresas extranjeras para lograrlo han sido determinantes en sectores como las comunicaciones, la prospección petrolera, así como en las producciones de cervezas, refrescos, perfumería, artículos de higiene, etc.

La sustitución de importaciones deberá ser sobre bases reales de competitividad, precio, calidad y oportunidad.

Cuba en su programa estratégico de desarrollo se ha propuesto recibir la inversión extranjera con el fin de lograr tres objetivos fundamentales: obtener financiamiento para su desarrollo, tecnologías avanzadas y mercados externos para las producciones nacionales.

Desde el punto de vista de la actividad de comercio exterior el desarrollo de alianzas con empresas extranjeras centra su atención en lograr los 2 primeros objetivos citados anteriormente, pero enfocados ambos en la concreción del tercero, incrementar las exportaciones cubanas de bienes y servicios. es decir, revertir la tendencia desfavorable de la balanza comercial cubana y obtener capital fresco para la reinversión en el propio país y para el cumplimiento de nuestros compromisos con las entidades financieras internacionales.

Al mismo tiempo, existe otra arista en la inversión extranjera desde nuestro punto de vista que es de mucho interés: la sustitución de importaciones.

La política de alianza desde el punto de vista del comercio exterior no solo contempla la inversión extranjera en Cuba, sino también cualquier forma de asociación o cooperación, como pueden ser la constitución de empresas en el extranjero con capital mixto, contratos de agencia, distribución, administración, licencia de uso de marcas, franquicias, contratos de producción cooperada, etc.

Las inversiones extranjeras en Cuba se apoyan en principios de beneficios mutuos para los inversionistas foráneos y para el país receptor, sobre la base del respeto a la soberanía, independencia y en función del desarrollo económico y social.

En 1992, el parlamento cubano aprobó importantes reformas a la Constitución de la República e incorporó el artículo 23, por el cual el estado reconoce plenamente la propiedad sobre activos y medios de las asociaciones extranjeras y corporaciones.

IV.-Conclusiones

El comercio mundial sigue siendo, y lo será cada vez más bajo la globalización neoliberal, instrumento de dominio de los países ricos, factor de perpetuación y acentuación de desigualdades, y escenario de fuerte pugna entre los países desarrollados por controlar los mercados del presente y del futuro.

Desde hace siglos, el comercio entre los pueblos ha encontrado multitud de obstáculos en su camino, producto de intereses encontrados de los propios pueblos, de clases o grupos sociales y de individuos.

En la esfera del comercio internacional en la etapa del capitalismo neoliberal los países del Sur han ido perdiendo todo: aranceles que protegían sus nacientes industrias y generaban ingresos; convenios de productos básicos; asociaciones de productores, indización de precios; tratamientos preferenciales;

El libre comercio, la desregulación financiera, la transnacionalización son conceptos que parecen ser justos pero no lo son en un mundo desigual e injusto.

Aún predominan a nivel mundial, grandes espacios económicos relativamente cerrados. Actualmente, la apertura comercial de los Estados Unidos es de 8%, la de Japón de 9%, y la de la Unión Europea de 10%

Los países subdesarrollados deben unirse para enfrentar esta situación y lograr un nuevo orden económico internacional donde la libertad de comercio implique el reconocimiento de las desigualdades de desarrollo económico, la necesidad de eliminar las practicas discriminatorias y las sanciones económicas unilaterales , eliminar los subsidios por parte de los países desarrollados, cancelar la impagable deuda externa y lograr la concesión de créditos al comercio exterior en condiciones ventajosas. En esta lucha la integración de los países del Sur tiene un valor inestimable.

Los principios y objetivos de la política comercial cubanos están orientados al apoyo de esta lucha que es la nuestra.

V.- RECOMENDACIONES

En resumen consideramos que la política comercial de Cuba en la actualidad debe estar sustentada en los siguientes principios y objetivos:

En lo internacional Cuba debe apoyar como principio de las relaciones entre los países ricos y los pobres, la adopción de medidas que deben incluir, entre otras:
 condonación total y efectiva de la deuda externa de los países subdesarrollados, priorizando a los países más pobres.

 Logro de ayuda oficial al desarrollo en condiciones ventajosas, no discriminatorias y no onerosas.

 Obtención de financiamientos comerciales a largo plazo y con bajas tasa de interes.

 Reducción de los gastos militares de los principales países industrializados y utilización de esos fondos en programas de desarrollo económico y social sustentable;

 Adopción de programas de transferencia de tecnología sobre bases no comerciales y mayor flexibilidad para los países subdesarrollados en el régimen de protección de los derechos de propiedad intelectual, para lograr un mejor acceso a los bienes patentados por parte de los países subdesarrollados. El intento de las compañias a patentar la vida es inaceptable;

 Libre acceso a los mercados de los países industrializados de bienes y servicios, incluida la eliminación de los subsidios a los productos agrícolas, la progresividad arancelaria y demás obstáculos no arancelarios;

 Una nueva estructura financiera internacional que regule el proceso de liberalización en los mercados internacionales;

 Necesaria flexibilidad y gradualidad en la aplicación de las normas del comercio internacional que tomen en cuenta el bajo nivel de desarrollo de las economías subdesarrolladas.

Hay que crear un Nuevo Orden Económico Internacional con el propósito, entre otros, de que se tome en consideración los diferentes niveles de desarrollo que existen y responda a los intereses de todos los países.

Hay que eliminar el intercambio desigual y aplicar plenamente y con carácter prioritario el tratamiento especial y diferenciado en favor de los países en desarrollo, previsto en los acuerdos de la OMC y materializarlo en medidas concretas que favorezcan el desarrollo y tomen en cuenta sus necesidades económicas y financieras.

Por ello, una nueva ronda de negociaciones comerciales multilaterales debe reflejar las preocupaciones de los países subdesarrollados y tener como prioridad el logro de transformaciones estructurales que beneficien las economías más débiles y no sólo la mejora de las condiciones del comercio tradicional.

Esa nueva ronda debe tomar en cuenta los sectores en que los países subdesarrollados tienen especial interes, como la agricultura y la construcción.

La OMC debe rectificar urgentemente los acuerdos agricolas que presionan a los paises subdesarrollados a liberalizar sus importaciones de alimentos, amenazando su vida rural, el empleo, sus recursos naturales, su producción agricola y su seguridad en general.

Hay que mantener y ampliar a otros sectores las preferencias comerciales en beneficio de los países subdesarrollados. El trato especial y diferenciado debe ser un principio fundamental de la OMC y no una excepción.

Hay que lograr el libre acceso de los productos de los países subdasarrollados, y en particular de los más pobres, a los mercados de los países desarrollados.

Hay que priorizar el cumplimiento de los compromisos derivados de la Ronda Uruguay y , por tanto, hay que luchar por mejores precios para los productos básicos no petroleros como requerimiento para un proceso de expansión.

Hay que lograr un nivel de precios accesible de los productos energéticos, en particular el petróleo, para los países pobres importadores.

Hay que facilitar el proceso de adhesión a la OMC de los países subdesarrollados, sin exigirles condiciones onerosas.

Hay que introducir mejoras en los esquemas del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP), para eliminar la erosión causada por las reducciones arancelarias e incluir en esos esquemas, libre de aranceles, los productos de interés de los países subdesarrollados.

Hay que demandar que la participación de los países subdesarrollados en el comercio de servicios se realice mediante un proceso de liberalización progresiva que preste la debida atención a los objetivos de sus políticas nacionales y al nivel de desarrollo de cada miembro de la OMC, permitiéndoseles abrir menos sectores y liberalizar menos tipos de transacciones, según establece el acuerdo general sobre el comercio de servicios.

Hay que fortalecer y expandir la cooperación y el comercio entre los países subdesarrollados. La diversidad económica y la variedad de recursos naturales y humanos, así como los distintos niveles de desarrollo, muestran importantes posibilidades para lograr una complementación económica eficiente.

Hay que continuar luchando por desarrollar y fortalecer la integración de los países del Sur y en particular de nuestra región e insertarnos en la misma. El fortalecimiento de la integración contribuye a reforzar la posición negociadora de sus miembros en las negociaciones internacionales que el imperialismo encamina a globalizar su dominación.

Hay que exigir la eliminación de las medidas coercitivas, las de carácter extraterritorial y todas aquellas que tiendan a establecer condicionamientos políticos y a ejercer presión en las relaciones internacionales.

Hay que examinar y controlar a las corporaciuones transnacionales y su creciente y negativa influencia en el comercio y la ecología.

Hay que conservar y proteger el equilibrio ecológico de nuestro medio ambiente, sin recurrir a nuevas medidas proteccionistas para enmascararlo.

En el plano nacional un principio fundamental de nuestro país debe ser que, en la política comercial orientada hacia nuestros intereses, no debe repetirse la dependencia del mercado de un solo país o grupo de países.

Aunque en el pasado esta situación se produjo por razones históricas, a veces inevitables, nuestra política debe estar, y de hecho lo está, dirigida a diversificar al máximo nuestros mercados.

Sin restarle fuerza a la afirmación anterior, debemos continuar privilegiando nuestro intercambio comercial con los países del Sur y, en especial, con América latina y el Caribe, con quien nos unen lazos económicos, históricos y culturales que apuntan a una integración futura.

También debemos tratar de incrementar, de manera proporcional, nuestro intercambio comercial con los países desarrollados que es donde se encuentran las tecnologías avanzadas y los recursos financieros que necesitamos, además de mercados con potencialidad para nuestros productos de exportación.

El total del intercambio con Europa en 1999 representó el 45 por ciento del total ( los países que integran la Unión Europea, el 77 por ciento de este total) y con los del continente americano el 38 por ciento. Con América Latina y el Caribe el intercambio creció en 1.2 % en relación a 1998, para un 26.6 % del total.

A pesar de los cantos de sirena de los países del norte desarrollado y las instituciones internacionales controlados por ellos, debemos buscar las vías para mantener la protección a las industrias nacionales básicas para nuestro desarrollo económico y que puedan trabajar con eficiencia y rentabilidad.

A esta política se une la de contribuir a nuestro desarrollo industrial y agrícola a través de la incorporación de nuevas tecnologías, en las que la participación del capital extranjero, debidamente regulado según nuestros intereses nacionales, tiene un importante papel que jugar.

Sobre esta base debemos continuar diversificando nuestras exportaciones, reduciendo la dependencia de los productos tradicionales.

Vinculado a lo anterior debemos aplicar con decisión la política de substitución de importaciones, que marcha con lentitud, y reducir estas a niveles justificados por nuestro crecimiento económico (incremento superior de las exportaciones, del pib, de la productividad del trabajo, etc.)

Las importaciones, que crecen a un ritmo y a niveles superiores al de las exportaciones, tiene que estar permanentemente en la mira de nuestra política comercial.

Nuestro héroe nacional José Martí decía con razón que “el comercio une a los pueblos”. Que este sea el principio cardinal de nuestra política comercial en el objetivo de eliminar la pobreza e impulsar el desarrollo y el bienestar de nuestros pueblos.

Lic.Michael Vazquez Montes de Oca
Cdad. de la Habana, Cuba.
Mayo del 2008
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