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Psicologia: la conducta

Por: animacion

LA CONDUCTA

Entenderíamos por conducta todas aquellas formas de enfrentamiento al ambiente. Surgen como producto final de una serie de procesos internos del organismo ante diferentes estímulos externos que provienen del medio.

Las conductas son:

- La forma concreta de enfrentar un ambiente.

- El modo de lograr equilibrio para nuestro organismo.

Están constituidas por cuatro partes:

Externas:

- lo que hace/dice.

Internas:

- lo que piensa/siente.

El decir y el hacer, aunque se ven, pueden ser interpretados de formas muy diferentes, en función de nuestra específica forma de pensar los acontecimientos.

El pensar y el sentir no se conocen si el sujeto no lo manifiesta:

- a veces ni el mismo sujeto puede tener claridad sobre lo que siente y piensa -censuras internas-,

- o puede saberlo y no querer expresarlo -censuras del exterior-,

- o puede saberlo y expresarlo: conducta adecuada, fluida y sana -sin censuras externas o internas-.

Veamos un ejemplo: Un chico piensa «el profesor me puede castigar si me equivoco (en el otro colegio siempre era así)». Por lo tanto:

Siente: miedo.

Dice, cuando le preguntan: «no sé cómo es eso» (porque decide hacerse el dubitativo).

EL PROCESO

El proceso que seguimos hasta la consecución final que sería la conducta, lo podemos desglosar en:

- 1. PERCEPCIÓN DE LA SITUACIÓN:

Cuando una persona percibe de forma objetiva una determinada situación -cognición-.

- 2. INTERPRETACIÓN:

Una vez que percibe la situación realiza una interpretación en base a sus sentimientos y emociones. Hablamos de una interpretación subjetiva.

- 3. REACCIÓN FISIOLÓGICA:

Una vez que interpretamos la situación en base a nuestro sistema afectivo se pone en marcha el sistema de reacción fisiológica que puede dar lugar a la conducta manifiesta.

Ésto indica que todo el sistema está muy mediatizado por los pensamientos y sentimientos del individuo.

LA SITUACIÓN

Teniendo en cuenta la situación que influye sobre el organismo y en términos de la Teoría Conductista, según el condicionamiento operante, la conducta puede ser controlada por sus consecuencias en el medio. Así hablaremos de:

- REFUERZO POSITIVO:

Cuando hay una serie de estímulos incluidos en el entorno que fortalecen la respuesta de un determinado organismo. Por ejemplo: «Haces ésto y te doy un pastel».

- REFUERZO NEGATIVO:

Cuando al retirar un estímulo del medio, se fortalece la respuesta y elimina la respuesta al estímulo aversivo presente. Por ejemplo: «Si dejas de hacer ésto, suelto el dedo que te estoy apretando».

Estos refuerzos pueden ser:

- INTRÍNSECOS: cuando es la persona la que se los administra a sí misma internamente. Por ejemplo: «¡Soy guay!, saqué un notable».

- EXTRÍNSECOS: cuando se trate de refuerzos materiales o sociales. Por ejemplo: «Toma este regalo por portarte bien».

También podemos hablar de:

- CASTIGO POSITIVO: Cuando en el medio se presentan una serie de estímulos aversivos contingentes a una determinada respuesta -que en muchos casos se trata de eliminar-.

- CASTIGO NEGATIVO: Si retiramos un determinado estímulo positivo presente en el medio. Por ejemplo: «Te apagaré la televisión hasta que hagas los deberes».

Las respuestas conductuales se darán según la interpretación del condicionamiento operante, aunque no siempre se puede generalizar. Tendríamos que tener en cuenta otras características tanto de la situación como a nivel de pensamiento o diferentes variables personales.

Las conductas se organizan en función de las denominadas necesidades. Todos tenemos necesidades, y para satisfacerlas disponemos de dos sistemas fundamentales a través de nuestros sentidos y del aparato motor:

1. Sistema de orientación:

Es la capacidad de descubrir en el medio lo que necesito para mi equilibrio; detectar los objetos, personas o cosas que me servirán.

2. Sistema de manipulación:

Es la capacidad de relación que desarrollo a partir de la orientación hecha para lograr lo que me propongo, satisfacer mi necesidad y restablecer el equilibrio.

En resumen, estos dos sistemas son las herramientas para «buscarse la vida» y se dan en todos los seres vivos -animales y humanos- para lograr el alimento, el vestido, la supervivencia.

Para seleccionar las cosas y personas que pueden dar respuesta a estas necesidades, cada uno de nosotros desarrollamos unas actitudes hacia las cosas.

Las actitudes son las cargas afectivas y de valor que, de forma espontánea, concedemos a los objetos -personas y cosas- de nuestro entorno. Los psicólogos llaman a ésto las representaciones sociales que nos hacemos de las cosas, la forma de categorizarlas. Nos las enseña:

- la propia experiencia,

- el aprendizaje por imitación (personas significativas),

- los medios de comunicación,

- la cultura,

- la educación,

- la moral.

Así, los objetos -personas y cosas- se pueden dividir en:

- Objetos positivos y, por tanto, deseables: Aquellos que ayudan a satisfacer necesidades y restaurar el equilibrio perturbado -agua para el sediento, cama para el cansado, droga para el desasosegado, alcohol para el angustiado, dinero para el inseguro...-.

- Objetos negativos y, por tanto, indeseables: Aquellos que suponen una amenaza o tienden a perturbar el equilibrio o no logran satisfacer sus necesidades -policía para el perseguido, escuela para el fracasado escolar, riesgo para el inseguro, opiniones negativas para el prisionero de su imagen...-.

Puede ser que un muchacho reciba influencias contradictorias sobre un mismo objeto. Por ejemplo: «La droga es mala» le dice un Educador; «la droga es buena y te pone guay» le dice un colega. El muchacho selecciona en función de su vivencia experiencial y de su necesidad dominante.

Lo que los muchachos buscan a partir de una determinada necesidad dominante -siempre sentida pero no siempre consciente- es ese objeto de carga positiva para ellos -según su vivencia y actitud previa-. Si lo experimentan cerca, la sensación de impaciencia y deseo de conseguirlo les empuja cada vez más, y llegan a hacer lo increíble para lograrlo. Cuando por fin lo poseen contactan, se apegan profundamente a él hasta saturarse, y la sensación de agrado y satisfacción les hace buscarlo más y más. Cuanto más fuerte es el desequilibrio y más acuciante la necesidad, más lo buscan.

Cuando en el intento desesperado y apasionado por buscar objetos de carga positiva, el muchacho tropieza con algún objeto de carga negativa -según su vivencia y actitud previa- trata de evitarlo, aniquilarlo, inhibirse de ese medio. Lo nota porque experimenta una sensación de miedo.

Las formas de evitar los objetos -personas, cosas, situaciones- cargadas negativamente, son diversas:

- o la aniquila mágicamente -pretende ignorarlo, como si no existiera-. Es lo que llamamos desatención selectiva;

- o retira el interés y muestra aburrimiento -«ésto no me interesa»-. Es lo que llamamos falta de motivación;

- o lo ataca con todas sus fuerzas -son las expresiones de agresividad, los estadillos incontrolados o estratégicos-. Los llamamos «chicos agresivos», «chicos que pretenden llamar la atención»...;

- o se adapta a ellos como si fuera plastilina. Es lo que se llama personalidad «como si». Pretende someterse, agradar, obedecer. A veces mienten desde la desconfianza y el miedo, pero no se entregan.

Todo ello lo hacen como verdadera estrategia -consciente o inconsciente- para evitar el contacto desagradable con el medio.

¿Cuál es la fuerza básica que organiza y dirige la conducta? El árbitro de estas cuatro partes de la conducta -hacer, decir, pensar, sentir- es la emoción, el sentimiento. El miedo ordena inmediatamente a todas las fuerzas y energías del sujeto a alinearse para el ataque o la retirada. Siente la necesidad de evitar lo desagradable so pena de no sobrevivir; de ahí los silencios, los alborotos, las somatizaciones de los chavales.

El gusto, la satisfacción, el bienestar, el placer ordena con impaciencia que todas las energías se orienten a la busca y captura de ese objeto deseable para contactar con él, gustarlo, consumirlo, engullirlo, disfrutarlo. Por encima de todo existe la necesidad imperiosa de obtener bienestar, satisfacción por encima de todo y en el momento.

Las formas de contacto y retirada, las formas de relación con el entorno, no son buenas ni malas en sí, si no que son maneras de actuar y de relacionarse con la vida, con los diferentes objetos que existen -cosas, personas, situaciones-.

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